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martes, 7 de abril de 2009

La Lista De Exitos Del Diario Pop de 1982

Hace 7 años el periodista musical Jesús Ordovás escribió el libro La Revolución Pop. Es un recorrido comprimido (148 páginas en formato bolsillo) por la historia de su veterano programa (ya desaparecido) Diario Pop de Radio 3. Pero a la vez, como no podría ser de otra manera, también es un viaje por la música (o parte de ella) que ha marcado los últimos veintitantos años en nuestra variada península. Cuando comenzaba la adorada y también vilipendiada Movida Madrileña, Ordovás puso mucho de su parte en su difusión, radiando esos nuevos grupos que comenzaban a crear sus primeras canciones. Creó además un fanzine "Esto No Es Hawaii" (cuya portada podéis ver a la izquierda) que enviaba gratuitamente a los oyentes del programa que así lo pedían. Pero además de reflejar ese movimiento musical que se daba en la capital, también difundió lo que sucedía en otros lugares alejados del centro. No sólo hubo movida en Madrid, también en Galicia, Cataluña, Asturias, Andalucía o Euskadi con el Rock Radical Vasco. En este libro dedicaba un capítulo a publicar una lista elaborada en 1982 con las 140 canciones que más gustaban a la audiencia.
En esta lista además conviven tanto canciones ya publicadas entonces en disco así como maquetas, y es un retrato de lo que se estaba cociendo en aquella época. Aunque con predominio de grupos de Madrid, (Alaska y Pegamoides, Nacha Pop, Gabinete Caligari, Glutamato Ye-Yé, Radio Futura, Aviador Dro, Parálisis Permanente, Los Nikis o Décima Víctima), también hay sitio para los periféricos.Los vigueses Siniestro Total copan el primer puesto, incluyendo varias de sus canciones entre las primeras, andaluces como 091 y Danza Invisible, catalanes como Loquillo y Los Intocables o Los Rápidos, asturianos como Ilegales, La Banda del Tren o Stukas. Grupos efímeros pero con cierta repercusión como Polanski y el ardor, La Mode, Plástico, Glamour, Farmacia de Guardia o Ejecutivos Agresivos.






He escaneado esta variopinta lista para que nos podamos hacer una idea de por dónde iban los tiros para un determinado tipo de público que oía una radio no comercial. Es cierto que este listado no refleja la totalidad de la música que se oía durante ese año, pero sí que puede ser representativa de lo que se empezaba a escuchar en aquella época y que más tarde tendría cierta relevancia en el panorama musical.
En definitiva, en ella podemos encontrar grupos que han dejado como legado grandes canciones conocidas por varias generaciones.



No sé si en la actualidad disfrutamos de una riqueza y variedad así. Echando un vistazo a la lista podéis sacar vuestras propias conclusiones.
Mención especial a Zarama, el grupo santurtziarra de mi compañero del Club del Cerdo Cojo que ocupa el puesto 90 con el primer single que sacaron Nahiko, por delante de canciones que luego serían tan exitosas como Escuela de Calor, Rock 'N Roll Star o el Maquillaje de Mecano.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

¿Un país inexistente?

El pasado día 20 Santiago Auserón escribía un artículo en el diario El País. Como me parece muy interesante su reflexión y puede que haya alguien que no lo leyó en su momento, aquí os lo dejo.

"Canciones que todavía no existen"

Con la última década del pasado siglo, la sociedad española iniciaba un giro de signo muy distinto a los cambios que durante la transición permitieron llenar el aire de nuevas canciones. Las marcas comerciales se adueñaban del deseo de ser o parecer rockero, mientras el poder orientaba con deliberación sus consignas hacia la pasión por el deporte. Toda una generación de deportistas españoles sube hoy a lo más alto del podio, el deporte se ha convertido en gran empresa pública. Las canciones entretanto han perdido todo afán de originalidad, forzadas por el cálculo de audiencia en los medios. Los jóvenes hacen cola para probar el estrellato, listos para soportar cualquier humillación, siempre y cuando sea ante las cámaras, con la bendición de sus padres. Los concursos televisivos de canto proliferan, mientras el repertorio se limita a la repetición estéril. La pasión por el deporte -el amor popular a sus ídolos quemados en pocos años- y la banalización comercial de las canciones parecen responder a un mismo patrón ético que no resulta ser ni musical ni deportivo. En la Grecia antigua la música compartía con la educación física la responsabilidad de formar buenos ciudadanos. ¿En manos de qué oscuro sentido del bien común han cedido una y otra sus valores?

Los adolescentes intentan escribir nuevas canciones, pero la sociedad mediática les da la espalda, atenta sólo al estribillo conocido. El público educado por el rock envejece llenando festivales de jazz. La música de improvisación se ha hecho merecedora de reconocimiento por aunar la tradición afroamericana con el flamenco, pero necesita nuevas canciones para no repetir siempre la misma copla. Una buena canción no nace del talento solitario, sino de una trama de implícitos renovados por el ingenio popular, cuando se opone al chiste recurrente. La canción pone en juego una modalidad de inteligencia que pocas veces se desarrolla en las aulas, nunca entre los que especulan con el suelo o la audiencia pública. Estamos ante un serio problema educativo. La excusa para frenar la cultura heredada de los sesenta es la supuesta tendencia de los jóvenes a confundir música y vicio. Suposición errónea, si atendemos a la generalización de la corrupción en otras capas de la sociedad. La cultura del rendimiento forzoso se parece mucho al uso de estímulos artificiales. Lo que se teme de los jóvenes no es tanto la formación de malos hábitos, más propios de los adultos, sino la capacidad de concebir algún valor que no se reduzca a mercancía. La educación musical no solamente influye en el sentido de las proporciones, como decían los antiguos griegos, sino que nos convierte en testigos y artífices de vínculos que ningún programa político recoge. Sin buenas canciones los especuladores triunfan, pero los deportistas no saben qué entonar en sus celebraciones. Los humoristas se ponen pesados, las artes y las letras se quedan sin un aliado imprescindible. Los políticos imponen su visión restringida de lenguas y naciones, la sociedad entera sufre una carencia de aire fresco, de ganas de inventarse.

¿Se imaginan un país en el que se pusiera de moda renunciar a toda forma de beneficio poco honesto, donde el machismo no se cobrase una sola víctima, donde las diversas comunidades y lenguas se exigiesen unas a otras lo mejor de sí mismas, en vez de replegarse sobre un sacrosanto simulacro de identidad? Ese país sólo existe en las canciones. En las canciones que todavía no existen. Pero es el único que reconozco como propio.

viernes, 1 de agosto de 2008

Despedida estival

Antes de echar la persiana durante este mes de agosto e irme a mi residencia de verano en Francia, no me he podido resistir a deciros con música una serie de cosas.

A los que os acercáis por aquí ya sea a leer o a dejar vuestros comentarios, mi sincero agradecimiento:

El Ultimo de la Fila



Aunque este mes pueda que haga mucho calor, un calor excesivo, no dejéis de refrescaros hasta que bajéis hasta los 37 grados:

Radio Futura



Deseo que a vosotros las vacaciones también os suenen como a mí a música celestial, a una agridulce sinfonía que no me canso de escuchar.

The Verve



Por último sólo deciros que nos vemos a la vuelta y que mientras tanto aquí quedará el silencio, un bonito silencio que es toda una ciencia. Besos y abrazos (os los repartís a vuestro gusto).

Richard Ashcroft



Y quiero verles a todos en septiembre así que tengan cuidado ahí fuera: