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domingo, 18 de enero de 2009

Una Noche En El Fútbol (II)


Ya os hablé en Una noche en el fútbol de algunos personajes que pululan en cualquier campo del deporte rey. El tema como es de suponer da para muchos más ejemplos. Aquí tenéis la continuación.

El/la íntimo/a: lo adoptan tanto hombres como mujeres. Son aquellos espectadores que para referirse a un jugador de su equipo no lo hacen con su nombre habitual sino que utilizan otros términos. Parece que tienen un irrefrenable deseo de sentirse más cerca de los futbolistas y de hacerse los coleguillas. Por ejemplo no utilizan su apellido sino el nombre de pila. Susaeta corre por su banda y ellos/as también se apresuran a decirle:
-"sigue Markel, sigue!"
En otros casos también le llaman por su nombre pero en diminutivo, que parezca que le conocemos de toda la vida. Así Ocio despeja un balón en defensa y recibe su palabra de ánimo correspondiente:
-"bien Aitortxu, bien!"
Hay otra versión y es el/la que les nombra igual que sus compañeros de equipo, como si viviese también en la misma caseta con ellos. En unos casos es con el mote. Joseba Exteberria empieza a calentar y el jugador número doce que tenemos al lado le suelta un intimísimo:
-"aúpa Gallo!".
En otros es por su nombre o apellido acortados:
-"Vamos Gurpe!" o -"Dale Koi!".

El Moviolas: es aquél que te cuenta lo que acabas de ver pero como si no hubiese sucedido y que además te dice que eso es lo que debe o no hacer el equipo, dependiendo si ha sido algo positivo o negativo. Es un experto en parecer que él es el que se anticipa a los acontecimientos pero lo cierto es que habla siempre a toro pasado. Si el equipo se ha replegado buscando los contraataques, ha robado un balón, ha salido a la contra y ha abierto a la banda para luego rematar en el área, nuestro "gurú" futbolero nos cuenta la película como si no la hubiésemos visto nadie. Espera unos minutos para que no cante mucho su "novedosa" moviola y entonces la suelta:
"Se tienen que echar atrás para salir a la contra, coño. Y luego buscar las bandas y llegar al área a rematar, está claro la ostia."


La Insultitos: los insultos más oídos en un campo de fútbol suelen ser la trilogía clásica de siempre: hijo puta, cabrón, me cago en tu puta madre. Son de uso mayoritariamente masculino. Generalmente las mujeres que me rodean en el campo no traspasan la frontera de la grosería y del mal gusto. Así que cuando a uno de nuestro equipo le hace una dura falta un contrario leñero, sintiéndose atacadas en su instinto protector y maternal hacia nuestro jugador, le increpan al infractor pero sin perder la corrección:
-"Alfaro, asqueroso!"
Si el árbitro de turno pita como siempre, es decir horriblemente mal, ella se dirige sin contemplaciones y sin perder la compostura:
-"árbitro carota!".

El Vocero Bueno: sus gritos tienen un espíritu constructivo y no abusa de ellos, intercalándolos cuando son necesarios. Suele tener otra cualidad añadida y es que es optimista contra viento y marea, sino tal vez nunca gritaría lo que grita. Después de una ocasión del contrario que nos ha metido el miedo en el cuerpo y el silencio se ha adueñado del campo, él irrumpe con su voz para animar al personal:
-"arriba hombre, que sólo han llegado una vez, vamos, vamos, vamooooooooos"

El Vocero Malo: emparentado con "el gritón impaciente" de la anterior entrada, este nos taladra nuestros pabellones auditivos voceando una y otra vez creando malestar entre los oyentes, y al contrario que el Vocero Bueno, sus gritos siempre son destructivos:
-"si es que no valéis para nadaaaaaaa"
-"Tiko inúuuuuuuuutil"
-"Extebe jubílate yaaaaaaaaa"

Prometo una tercera parte porque el filón es inagotable. Permanezcan atentos y mientras tanto no olviden mineralizarse y supervitaminarse.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Una Noche En El Fútbol

Voy al fútbol desde que era un mocoso. Tantos años yendo han hecho entre otras cosas que tenga identificado a ciertos espectadores "tipo" con los que comparto (o sufro) localidad. Me atrevo a aventurar que aquel que ha ido a un estadio ha sentido lo mismo que yo alguna vez. Aquí van unos ejemplos de la fauna que acude cada domingo al fútbol.

El chistoso: este acude al partido con el espíritu de desplegar sus mejores chistes y comentarios (dudosamente) jocosos. No se sabe muy bien si acaba de salir del club de la comedia o de no te rías que es peor. Su mayor perla, su gran clásico, lo oímos cada temporada un domingo sí y otro también. Es ese que cuando sopla una ráfaga de aire frío, se gira hacia atrás con sonrisa cómplice y morro torcido, y mirando al tendido suelta:

-¡Esa puertaaaaa!
Con esa puerta te estampaba yo contra tus narices tío plasta. ¡Qué tortura!

El tocahuevos: este se caracteriza por decir lo que todos pensamos en el momento más inoportuno echando así más sal en la herida. Es especialista en incidir en lo negativo. Cuando meten un gol a nuestro equipo, estamos cabizbajos, pensativos, frustrados...Nos vienen a la cabeza múltiples pensamientos que no expresamos porque serían dolorosos escucharlos en ese preciso instante. Pero eso no importa porque allí está EL para restregarnos la cruda realidad. Nos acaban de meter un gol y nos escupe en nuestra conciencia:

-Si es que nos meten los goles con una facilidad...

Lo repite una y otra vez subiendo el volumen cada vez más, como si nadie le hubiera escuchado:

-¡Si es que nos meten los goles con una facilidad!

Me dan ganas de ponerme de pie y de soltarle, además de una ostia, un:

-Ya lo sabemos y qué, pesao.



La ametralladora de insultos: quien más quien menos que haya ido a un campo de fútbol ha insultado: al árbitro, a un jugador, a un entrenador... Principalmente acudimos a ver el partido pero si hay que insultar, pues se insulta. Pero existen otros que es al revés, van a insultar y si se tercia se animan a ver algo del encuentro. El sujeto en cuestión existe y se sienta cerca mío, no es ciencia-ficción. De 5 palabras que dice 8 son insultos, mezclados con blasfemias variopintas. Sus blancos preferidos son los árbitros. Si por algo se caracteriza además es porque no necesita de ningún calentamiento previo a modo de jugada mal pitada. Desde que se anuncia en el videomarcador el nombre del colegiado ya le empieza a insultar:

-"Casajuana Rifá del colegio extremeño"
-Extremeño tenías que ser, hijo puta.

Así, de golpe, en frío, sin haber pisado el césped el árbitro ya ha recibido el recadito. Al domingo siguiente ocurrirá lo mismo. Solamente tenemos que cambiar su procedencia y ya tenemos el insulto construído.

El enterao: está siempre a la última. Siempre viene con datos nuevos que aportar a la discusión futbolera. Si sale el tema de la cantera, su preferido, nos cuenta que el fin de semana ha visto 5 partidos de tercera regional y que hay un par de chavales que SOLO conoce él que vienen pegando fuerte y que tendrían que ficharlos ya. Que se cuestiona el sistema de juego, pues propone que se tendría que jugar con un 5-3-2 con "variable holandesa" en la delantera. Como lo de holandesa sólo me recuerda a un tipo de hamburguesa, siento que el tío se está quedando con nosotros una vez más. Los contertulios nos miramos con cara de extrañeza pensando que no tiene ni puta idea de fútbol.

El gritón impaciente: el de esta especie se caracteriza por gritar. Gritar por todo y por cualquier causa a la mínima de cambio. Sus gritos son cortos y secos, casi monosilábicos. Que mueven el balón en defensa para construir el juego, suelta a grito pelao su grito "fetiche":

-Pa' lante la ostia.

En un corner en contra, todo el equipo defiende en su propia área. Se fija en la ausencia de delanteros para una posible contra. Sin darnos apenas tiempo a que la membrana de nuestro tímpano se recomponga y vuelva a su estado natural, vocifera con toda su alma dirigiéndose al entrenador:

-¡Dos alante la ostia!

Lo peor de todo es que lo tengo justo detrás. Es como un dolby-surround con sonido THX.

Con estos especímenes son con los que hay que lidiar cada 15 días. Sin ellos el fútbol seguramente perdería algo de su encanto. No estaría de más sin embargo, que alguno nos diera una tregua de una jornada. No pido más.