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sábado, 29 de agosto de 2009

"Tenéis Que Ir" (1ª Parte)

Estas tres palabras (o su versión en singular) son la coletilla final que más oiremos durante estos días. La gente empieza a regresar de sus vacaciones y los inevitables encuentros con amigos y compañeros de trabajo derivan hacia la típica conversación en la que cada uno cuenta su viaje estival. Quién más o quién menos, ya haya ido a un lugar cercano o se haya marchado a las Antípodas, ya sea la primera vez que sale de su pueblo o ya sea un trotamundos, no sé por qué pero todos te acaban diciendo aquello de "tienes que ir". Esta manía humana es muy común, lo sé, yo no tiraré la primera piedra, pero cada vez la censuro más. Y no sólo en cuestión de viajes. Habéis caído en la cuenta sobre la pareja y los hijos? El que tiene novia le suelta a su colega que ya va siendo hora que se eche una él también. El que se ha casado le da la chapa a su amigo que no ha pasado por el altar para que lo haga en cuanto pueda. Los que tienen un hijo le comen la oreja a otra pareja para que se decidan a tener el primero. Los que tienen 2 churumbeles no paran de repetir a los que tienen sólo uno a que vayan a por el segundo. Estos ejemplos ya sé que son hasta cierto punto triviales, pero me provocan algunas reflexiones sobre lo "metetes" que podemos ser las personas sobre aspectos que puedan ser más "delicados" de la vida cotidiana de los prójimos. Por qué los humanos nos dedicamos a decir a los demás lo que tienen que hacer, incluso cuando tal vez seamos el ejemplo contrario a lo que recomendamos? Por qué tendemos a la intromisión en la libertad de los otros? Por qué nos creemos que lo nuestro es lo mejor? Por qué pensamos que lo que nosotros hacemos es lo que "hay que hacer"? Cuántas veces nos "aconsejan" a lo largo del día otras personas sobre nuestra vida? Cuántas lo hacemos nosotros?

Yo intentaré no decir el temido "tenéis que ir" sobre mis dos destinos vacacionales de este verano. El primero de ellos fue Peratallada. Pueblo medieval del Baix Ampurdá declarado conjunto histórico artístico, amurallado y con calles empedradas y peatonales (los coches se dejan en parkings porque no pueden entrar), y con un castillo con un foso que rodea todo el pueblo. Mucha oferta de restaurantes a pesar de ser un sitio pequeño (doy fe de sus buenas cocinas también), un número de visitantes razonable que no saturan sus tranquilas calles y ausencia de agobios propios de esta época del año.

(Restaurante Candelaria en Peratallada)

Diferentes tipos de alojamientos de los que sólo puedo hablar (y muy bien) del que me hospedé, el Hotel El Cau del Papibou. Habitaciones que dan a un patio interior cubierto (debajo está el restaurante), sobre el que hay una gran mesa (ver foto más abajo) en la que se reune la familia que lo regenta. Una familia que hace que la estancia sea aún mejor por su buena disposición y amabilidad. Tanto sus padres, los encantadores Enric y Penélope (de origen inglés), como sus hijos Enric (petite) y Marc (de visita puntual con su mujer Sandra y su niño recién nacido), demuestran una enorme hospitalidad y son de mucha ayuda a la hora de moverse por la zona.



El privilegiado cuartel general de Peratallada nos daba la posibilidad de recorrernos la provincia de Girona y una buena parte de la Costa Brava. La capital Girona se encuentra a unos 40 minutos. Muy recomendable su casco antiguo con su inmensa catedral. Todo lo contrario que Figueres, un tanto feo y destartalado. El litoral está a 10 minutos en coche, hay muchas playas y calas, sólo es cuestión de escoger según el gusto de cada uno. Muchos pueblos se reparten por una costa con vistas espectaculares y un mar con tonalidades de foto de catálogo de viajes. El cercano Pals tiene también una bonita parte antigua. Si os gusta el "Benidorm style", vuestro lugar es Platja D'Aro. Yo me quedo sobre todo con dos: S'Agaró y Llafranc. Estos dos últimos además con buenos restaurantes en los que terminar el día con una buena cena. Termino este "Tenéis que ir primera parte" con una foto de la playa de Llafranc por la noche. La segunda tratará sobre Praga.


lunes, 24 de agosto de 2009

Vacaciones De Verano

Ya me ha llegado el día X. Ese fatal día de la vuelta al trabajo después de las vacaciones. Parecía lejano cuando un mes antes hacía el camino a la inversa. El tópico de que pasan rápido y que lo bueno termina pronto, conmigo se cumple al 100%. Por qué? Por qué se han acabado? me pregunto amargamente y de forma lastimera. Sólo me falta aullar como un lobo por la noche, como esos que veía de pequeño en el programa de Félix Rodríguez de la Fuente y que tanto pavor me daban.

Empezaba allá por finales de julio con un intensísimo y espectacular concierto del Boss (más Boss que nunca) Bruce Springsteen en San Mamés. Continuaba con una inolvidable estancia en el Baix Empordá de Girona. Inolvidable por su costa, por su paisaje, por sus pueblos y por la especial amabilidad de la familia del hotel en el que nos alojamos. Seguía por una ciudad europea de postal como Praga, con sus puentes sobre el imponente río Moldava (Vltava en checo), su reloj astronómico multitudinariamente fotografiado, su "Lado Pequeño" y la ciudad vieja, sus colinas, su cerveza (en especial la negra elaborada por la cervecería con solera U Flecku) y la casa veraniega de Mozart.

Y terminaba en casa, en la Aste Nagusia de Bilbao. Me hubiera gustado ver más conciertos que los que vi de Zarama, Fanfare Ciorcalia sugerido por Roberto Moso, (no te mortifiques) y Los Secretos, pero como suele ocurrir hay circunstancias que me lo impidieron. Salir con mi pareja y amigos/as y los citados conciertos fue lo mejor. El resto me sobra. Los guarros, los babosos, el mal olor, el descontrol y la licencia, que no comparto, de que todo está permitido en fiestas ocupa la parte negativa. Bueno, hay una más.
Las inaguantables canciones que hay que soportar año tras año. Este año le he cogido manía a una, que aunque no está de actualidad no sé por qué no he parado de oirla. Y para más cojones es de una película de Disney. Es esa que no para de decir Chihuahua. Recuerdo especialmente otra hace ya muchos años, en las fiestas del año 88, que acabé odiándola y que desde entonces no la aguanto. Es la que cantaba Eddy Grant a favor de Johannesburgo y se llamaba Gimme Hope Joanna. La que se gana la palma de todas es la que es santo y seña de las fiestas, la canción de Marijaia de Kepa Junkera. Dios, qué suplicio. Cada vez que veo llegar agosto y la semana grande, me echo a temblar sólo de pensar que la tengo que escuchar hasta en la sopa. Y lo cojonudo es que cuando la ponen en las txosnas la gente despierta de su letargo y se ponen a bailarla con inusitada alegría. Me produce urticaria la canción pero también la Marijaia en sí. Quién fue el diseñador de semejante espectro? Quería provocar pesadillas a los niños? Lo hizo en colaboración con una Agatha Ruiz de la Prada colgada de LSD?

La verdad es que no tengo suerte con las canciones de Kepa Junkera. Porque las que hizo para ese sacacuartos del Athletic Bihotzez tampoco le van a la zaga. La que compuso él sólo Harrobiaz Harro sigue la misma tónica plasta de las anteriores pero la que hace junto al "cantautor" Tontxu es el culmen de la horterada. El Aurrera Aurrera Athletic parece una mezcla de Xuxa con Torrebruno. Me imagino que la letra es obra de Tontxu. No comment. Que le pongan un sillón en la RAE.

Aquí os dejo la puntual Badator Marijaia que todos los años tenemos que sufrir en fiestas. Ayer terminaron y dicen que ya falta menos para las del año que viene. Nooooooooooooooooooo.