Un Partido Sin Resolver
Ayer mismo en un pueblo de Sevilla en un partido de fútbol de juveniles varios jugadores le dieron al árbitro una brutal paliza. El motivo que la desencadenó fue la expulsión de uno de los jugadores del Cerro del Aguila. También hubo amigos y familiares que en plena agresión incitaron a los chavales a que siguieran pegándole. Justa o injusta la expulsión, pegar patadas y puñetazos a una persona como respuesta parece que no es una buena conducta. Y jalear la violencia de tu hijo que no llega a los 18 años tampoco parece que sea el mejor de los valores para transmitirle en su educación. Imagino que tanto los aficionados de ese equipo como los vecinos de ese barrio que no les gusten ese tipo de métodos, no quieran que esos chavales ensucien el buen nombre del Cerro del Aguila. Ni tampoco deseen sentirse representados por esa cuadrilla de maleantes. Es posible que decidan hacer algo que está en su mano y que es su expulsión del club. No les faltarían ganas de hacerlo también de su barrio pero eso ya es menos factible.Cambiemos los actores de esta noticia por Euskadi, ETA, Batasuna, ANV, D3M y compañía. El árbitro puede ser nuestro amigo, padre, hermano o nosotros mismos. ¿Deben seguir viviendo entre nosotros personas que incitan, apoyan y celebran la violencia como los familiares de esos agresores? ¿Podemos seguir viviendo con este virus a nuestro lado durante más tiempo? ¿No tienen suerte los agresores de que el resto aún siendo abrumadoramente superiores en número no les respondamos con sus mismos métodos?

