Solemos oir en entrevistas realizadas al actor o músico de turno comentar que cuando le llegue despedirse de esta vida le gustaría hacerlo sobre un escenario. Que sería la mayor satisfacción a la que podría aspirar. Que sería lo más grande
morir con las botas puestas.
Hoy leemos la
noticia que ayer ya reflejaban todos los medios. El montañero navarro
Iñaki Ochoa de Olza ha muerto en el
Annapurna. Por deseo de la familia su cuerpo se quedará allí, en contacto con la montaña que es donde él quería estar. Sin duda, la expresión más clara de lo que comentaba en el anterior párrafo.
Así como aceptamos que puede ser bonito y a la vez incluso gratificante morir desarrollando tu profesión o vocación, ¿por qué actualmente es una
utopía VIVIR con las botas puestas?
Por ejemplo entre los pocos a los que oímos decir que hacen lo que les gusta y que encima les pagan (y extraordinariamente bien, por cierto) es a los futbolistas. Pero los que tienen profesiones más "comunes" y tienen la "suerte" de
desarrollar su vocación en un trabajo, o están mal remunerados, o las circunstancias de su empresa, departamento, sector, jefes, compañeros,etc hacen de él un elemento insatisfactorio que incluso les provoque cierto repudio.

Luego se encuentran los que directamente realizan trabajos que
no les satisfacen en absoluto. Bien por la propia naturaleza del trabajo o bien porque se desvía de su vocación personal. Actualmente en esta sociedad consumista en la que nos encontramos, si no nos gusta un artículo o producto que compramos,
lo devolvemos y lo cambiamos por otro. Y algo tan importante como
hacer lo que a uno de verdad le llena, en muchísimos casos es algo más que una
quimera.
Y digo yo, ya que estamos aquí 4 días,
¿por qué nos vemos metidos en esta rueda que nos hace percibir lo "normal" como algo inalcanzable o casi de locos?