A finales del mes pasado,
FNAC convocó un
concurso de microrrelatos. Las bases del concurso establecían que el texto
no podía superar las 150 palabras y la temática principal debía ser
el libro.
Yo que apenas he escrito literatura en mi vida y mucho menos he participado en un certamen de este estilo, me animé a enviar una pequeña historia. Recientemente he recibido un correo con los
20 finalistas y sus relatos. El
número de participantes había ascendido a
4800, por lo que entrar en ese grupo selecto intuía que sería misión harto difícil. Y finalmente así ha sido. Puede que mi escrito tal vez no tenga el nivel para estar en la final, pero sin pretender ser un despechado por eso en mi valoración, creo que en ese grupo se han colado algunos un tanto flojos (por ser generoso en el calificativo). Aquí os dejo mi microrrelato para que podáis juzgar por vosotros mismos.
EL NOMBRE SIEMPRE ACOMPAÑAEl título siempre se le resistía. Prudencio, era un escritor con éxito venido a menos y quería recuperar antiguos elogios. Allí sentado en la mesa del bar, tachaba angustiosamente cuantos posibles candidatos escribía en su agenda.
Una ocasión más llegaba el día de la entrega de su libro y no lo tenía decidido. Debía poner título a la vida y milagros de una mujer de belleza arrebatadora. Pero, ¿cómo podía sucederle otra vez este ritual incierto? A él, que había publicado numerosas novelas. Sentía el abismo bajo sus pies, como un funambulista en el alambre, al pensar en la inminente conversación con su editor y principal valedor.
De pronto, una chica con un rostro sublimemente imperfecto y una ajustada camiseta de tirantes abrió la puerta. El camarero le saludó: Hola Gloria. Y él pensó: el nombre siempre acompaña. Ya tenía título para su libro.