miércoles, 1 de agosto de 2007

La Teoría del Escaparate

Sostengo desde hace un tiempo que el sistema económico en el que vivimos está basado en un marketing de mentiras, en una publicidad que vende unas excelencias empresariales que no se corresponden ni con el producto que se vende ni con el funcionamiento tanto interno como externo de cada organización. Es mi teoría del escaparate.

Cada día vemos anuncios (ya sea en televisión, en la calle, en el metro…) que nos hablan maravillas de la empresa publicitada, de que su función primordial es dar el mejor servicio a nosotros sus clientes, que el producto o servicio que nos venden es excelente y el que más se ajusta a nuestras necesidades, etc, etc. El escaparate que nos presentan de su tienda a través de la pequeña pantalla o en un panel publicitario es, dependiendo de la pericia de la agencia contratada, atractivo, sugerente e impecable.

Pero la cosa cambia cuando traspasamos ese escaparate. Lo que nos decían anteriormente, que somos lo más importante para ellos, se traduce en una mala y descuidada atención al cliente. Si llamas por teléfono te atiende una máquina, eso sí, le llaman call center, dándole la relevancia que no tiene en su funcionamiento diario, con el nombre en inglés. Si con suerte consigues hablar con una persona de carne y hueso, lo más seguro es que se encuentre en Sudamérica o en el norte de Africa. Y si se encuentra aquí, lo normal es que esté subcontratado por otra empresa que a su vez la subcontrata otra más. Su sueldo será precario (palabra eufemística del siglo XXI para evitar decir “mierda”) y sin apenas recibir formación. Punto y aparte será si resuelve la consulta o la queja de turno.

Este tipo de práctica habitual por parte de cualquier mediana o gran empresa, es cualquier cosa menos respetuoso ni valora al que dicen que es lo fundamental para sus negocios, el cliente.

Otro aspecto igual de sangrante es el referido al “cliente interno”. El trato, la remuneración, la aptitud y actitud de muchos de los jefes, mandos o personal, es en muchos casos, por resumir para no extenderme demasiado, de país bananero.

Sé que lo que he expuesto es la parte más negativa de nuestro espectro empresarial, que además puede sonar a demagógico, y que tiene una visión pesimista y sesgada de la realidad. Que hay empresas y personas que hacen bien las cosas y que no todo es para ellos una cuenta de resultados económicos.

Hecha esta salvedad, tanto por ser cliente (todos lo somos de alguna empresa), como por mi experiencia laboral que me ha permitido conocer diferentes empresas, y no precisamente pequeñas sino de relevancia internacional, así como por experiencias de más gente que conozco tanto de clientes como de trabajadores, y por leer, ver y observar la realidad que me rodea, mi conclusión es que lo se ve en el escaparate tiene poco o nada que ver con lo que hay dentro de la tienda. En negativo, claro. Y no hablemos de la trastienda!.

Y no creo que sea demagogia porque se lee a diario en la información económica datos que se publican de que en España tenemos la jornada laboral más larga de Europa y a la vez somos de lo menos productivos. Si esto no da qué pensar….

Para concluir, un chiste que creo que sintetiza perfectamente mi teoría del escaparate y que tiene mucho que ver también con la política.

Esto es uno que al morir tiene que decidir si ir al cielo o al infierno. Empieza por este último y nada más llegar le abren dos señoritas en topless, y dentro se encuentra al Diablo tumbado en una playa. Este le dice que se ponga cómodo, que beba algo, que disfrute del tiempo….Con él hay más tías desnudas, luce un sol precioso, un chiringuito con bebidas gratis…Al tío se le acerca una tía desnuda que le propone sexo…Al ver todo eso, el susodicho no da crédito y no para de flipar. Después va a visitar el cielo, y lo que ve es diferente. Nada de tías, nada de sol. Sólo un prado, todo en calma y muy aburrido. Así que decide que finalmente se va a instalar en el infierno. Y cuando llega a al infierno hay un viejo que le abre la puerta, y dentro ve todo lleno de basura, suciedad, ratas, un calor abrasante….ni rastro de tías desnudas ni nada parecido.

De pronto ve que se le acerca el Diablo y le pregunta:

- Pero qué ha pasado aquí? Dónde está la playa, las tías desnudas, el sol??

Y le dice el Diablo:
- Es que antes, gilipollas, estábamos en período de elecciones.

Alguien tiene alguna alternativa a la teoría del escaparate?

6 comentarios:

reich dijo...

Suele ir a la par en una empresa la preocupación por el cliente interno y externo.

Una empresa que no cuida a sus clientes se delata a sí misma como una mediocre empresa para sus empleados. Y viceversa, claro.

Por otro lado creo que la publicidad, si además de efectiva, es veraz, es infinitamente mejor. Suele ser peor un cliente insatisfecho que un ciento de clientes indiferentes.

Un saludo.

PD. Sirva este comentario como disculpa por ser un pelín bocazas.

El Conde de MonteCristo dijo...

Bienvenida Reich!

Y disculpada quedas.

saludos,
El Conde de MonteCristo

Nanny-Ogg dijo...

Pues he estado pensando en alguna teoría mejor que la del escaparate pero, la verdad, no la encuentro. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices y no puedo añadir nada más.

(Ah, por cierto, los "Ellos" de mi post no son los hombres como pareces haber entendido; son "los otros", "los demás", "las otras personas", tanto hombres como mujeres).

Besos

El Conde de MonteCristo dijo...

Seas también bienvenida Nanny-ogg.

Pensaba que el "ellos" de tu post era en masculino y no en neutro.
Cuánta gente hay así, que con tal de criticar a alguien...dicen cualquier cosa.

saludos, El Conde de MonteCristo.

Mery dijo...

Pues si, Conde vaya tela marinera. Hace poco oí a un grupo de psicólogos en la radio hablando de la sociedad actual de consumo; crean en nosotros clientes deseosos y anhelantes permanentemente, para luego quedar insatisfechos nuevamente...y así volver a crear anhelos, y rueda la rueda. Y todo funcionando regular tirando a mal.

Un saludo

David dijo...

Yo estudié en la escuela que gracias al capitalismo, las empresas compiten por ofrecer un mejor servicio al cliente, porque éste, dentro de la libre competencia, puede elegir a aquella que le procure mejor satisfacción a sus necesidades.

Es de las mayores patrañas que me han contado en la vida.

El "capitalismo" se resume en que las empresas se van fusionando en conglomerados cada vez más grandes para optimizar sus recursos. E inevitablemente, cuando sólo 4 o 5 multinacionales dominan se imponen y controlan la oferta, la satisfacción del cliente pasa a ocupar un lugar muy bajo en su lista de prioridades.