lunes, 13 de octubre de 2008

Los desaparecidos "vivientes" en la posguerra

La reciente iniciativa del juez Garzón para intentar saber dónde se encuentran los desaparecidos durante el franquismo ha causado cierta polémica. Al margen del rechazo que esta medida ha generado en ciertos sectores fácilmente identificables, personalmente me parece que es algo necesario, no sólo en lo relativo a cerrar una etapa en nuestra historia reciente, sino sobre todo para sus familias saber qué pasó con sus seres queridos y dónde se encuentran sus restos.

Dicho esto, quisiera acercar el foco de luz hacia otro tipo de desaparecidos que quizá hoy en día también se les sigue teniendo en el olvido y que aunque sobrevivieron estuvieron ocultos en vida. Algo que tal vez iguale al horrible destino de los asesinados.


Corría el año 1999 cuando en una esporádica visita a una librería descubrí un libro que compré al instante y que se acababa de reeditar ese mismo año. Su primera edición se publicó en 1977, dos después de la muerte de Franco.




Los periodistas Manuel Leguineche y Jesús Torbado realizaron una concienzuda investigación sobre las personas que por temor a represalias permanecieron ocultas durante la dictadura franquista. Recopilaron testimonios de los protagonistas que ponen los pelos de punta al lector más neutral y frío. En sus casi 500 páginas se percibe en primera persona el pánico y el miedo con el que "vivieron" encerrados los bautizados como "los topos". Gente que estuvo 20, 30 o 40 años escondidos en "zulos" construídos en sus mismas casas y que incluso al salir de su encierro mantenían el mismo miedo atroz con el que pasaron sus encierros. De su lectura se llega a la triste conclusión que el asesinato no es la única forma de "eliminar al enemigo".

4 comentarios:

Bruno Pekín dijo...

No lo he leído, pero me lo apunto. Y sí, sin duda, el miedo nos elimina. Por encima de todas las cosas. Nos mata en vida. Y persiste. Hace unos días escuchaba una entrevista a uno de los historiadores que desde el 2000 más o menos impulsan la localización de las fosas comunes. Decía que sobre todas las cosas una cosa le asombraba: que todavía hoy cuando llegan a un pueblo español haciendo preguntas y sigue se palpando el miedo..la gente preguntada mira suspicaz a su alrededor , baja la voz y las persianas de su propia casa antes de hablar...en pleno siglo XXI...tal es la marca que aún persiste de una guerra civil cruel, llena de vendettas, paseíllos y torturas en los dos lados.

El Conde de MonteCristo dijo...

Eso precisamente es lo que se percibe en el testimonio de cada uno de los topos y sus familias, el terrible miedo con el que pasaron su "cautiverio". No había lugar a la relajación y sí al estar siempre alerta. Estremece sólo de pensarlo.

ROBERTO MOSO dijo...

Desde la crítica constructiva: Tu Blog es ahora más incómodo que antes, con esa foto tan gigantesca que te ha dado por poner y ese verde botella es jodido para leer. Por lo demás interesante entrada.

El Conde de MonteCristo dijo...

I know i know, prometo facilitaros la lectura. Oído cocina.

(no será que al ser tan de noche se te caen los ojos y no aciertas a ver?)